Derechos Humanos, desarrollo y política: la disputa Norte-Sur

La división norte-sur entre los estados miembros en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas continuó intensificándose durante su 27vo período de sesiones. ¿Por qué surge esta creciente polarización entre los estados del norte  y del sur globales tanto en eventos de negociación formales como informales?

 

Este aumento de la división en el Consejo ha llevado a una serie de resoluciones sobre temas controvertidos que fueron planteados “desde nosotros contra ellos”, en donde cada lado se encarama por el apoyo de una reducida minoría.  Estos temas aparentemente polémicos han surgido en resoluciones que van desde los efectos de la deuda externa, el agua potable y el saneamiento, hasta la mortalidad y morbilidad materna prevenible y los derechos humanos, orientación sexual e identidad de género, sólo para nombrar unos pocos.

 

ANTECEDENTES DE LA POLARIZACIÓN

 

La polarización parece enraizada en el resentimiento de los países en desarrollo, gestado por la percepción de una imposición por parte del Norte Global en términos de políticas económicas,  valores sociales y políticas de derechos humanos. Esto se manifiesta en una clara división: los derechos civiles y políticos (DCP) por una parte, y los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) por otra. Este tema fue ampliamente debatido en los 60s luego de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), codificada entonces en sus dos respectivos instrumentos internacionales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), respecto de los cuales Occidente se inclinaba por los derechos civiles y políticos y el Este (tal como estaba configurado el mundo en ese entonces) priorizaba los derechos económicos, sociales y culturales.

 

Cincuenta años después, esta división entre el PIDCP y el PIDESC se está jugando en el Consejo de Derechos Humanos y la realización progresiva parece ser el tema central en esta división. Dicha realización contempla la falta de recursos de un país para cumplir con sus obligaciones e implementar inmediatamente decisiones relacionadas con los derechos económicos, sociales y culturales. Sin embargo, cuando se trata de derechos civiles y políticos, los estados están obligados a implementar las decisiones inmediatamente.

 

Esta polarización encuentra una compleja disputa en torno al derecho al desarrollo – tema que también resuena en la Asamblea General de la ONU. Ejemplo de ello son los debates recientes en el Grupo de Trabajo Abierto sobre Objetivos de Desarrollo Sustentable, donde la formulación de estos objetivos (y metas) se han alejado bastante del enfoque basado en los Derechos Humanos.

 

RELACIONES DE PODER, POLÍTICA Y DERECHOS

 

En la disputa compiten dos enfoques: el del derecho al desarrollo por un lado y el de los derechos humanos por el otro. 

 

El Norte Global está presionando por un enfoque basado en los Derechos Humanos, por temor a que el enfoque basado en el desarrollo pueda minar y evitar que toda una gama de derechos humanos sean implementados. Ejemplos de esto hay muchos, como es el caso del trabajo del Consejo respecto de la pena de muerte liderado por Francia durante la sesión del Consejo de junio de 2014, en donde el Norte Global impulsa una resolución que denuncia violaciones de los derechos humanos resultantes de la aplicación de la pena de muerte.

 

Así es cómo funciona este sistema político: El hemisferio Norte le receta al Sur Global qué hacer y exige inmediatez, de lo contrario se trata de una terrible violación a los Derechos Humanos dado que se trata de una obligación enmarcada en los derechos civiles y políticos; quedando sólo derechos económicos, sociales y culturales sujetos a la realización progresiva. 

 

El Sur Global le responde cuestionando el enfoque basado en los derechos humanos y promoviendo el  enfoque del derecho al desarrollo, en el que los derechos civiles y políticos están sujetos a una realización progresiva.

 

Esto puede ser un argumento convincente, ya que el desarrollo humano no puede lograrse sin un enfoque basado en los Derechos Humanos, pero estos no pueden garantizarse hasta que niveles de desarrollo sean alcanzados para respetarlos, protegerlos y promoverlos.

 

Esencialmente, ambos enfoques son complementarios e interdependientes.

 

El caso es que si los derechos civiles y políticos no se aplican de inmediato, la represión desde las autoridades del estado hacia la sociedad civil sresulta gravísima y otras innumerables violaciones pueden ser pasadas ​​por alto.

Por otra parte, si un estado no prtotege  los derechos de las personas más marginadas debido a la realización progresiva, omitirá la inmediatez de esa obligación, estableciendo entonces un daño colateral significativo, ya que incrementa los niveles de exclusión. 

 

Si miramos las últimas resoluciones debatidas durante esta última sesión del Consejo, la división es bastante clara y no parece tener solución en el corto plazo. Mientras esta situación está mezclada con antecedentes histórico políticos, agendas, condicionalidad de ayuda  e influencia oscilando hacia el Sur, es difícil imaginar una solución a esta polarización.  

 

Las acusaciones de que el Norte Global ha usado su poder económico para forzar a los estados del Sur Global a votar y apoyar resoluciones específicas en contra de su voluntad ahora quedaron a la intemperie. Durante la adopción de las resulociones de Mortalidad y Morbilidad Materna, Sudáfrica señaló especialmente al Consejo que el enfoque de Derechos Humanos ha sido inapropiadamente utilizado con la condicionalidad de cooperación internacional.

 

¿Qué más tenemos en este coctel? Por un lado, un crecimiento de la economía del sur conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) que está superando al norte, cuya influencia financiera y política es decreciente a raíz de la recesión, por otro, un incómodo equilibrio en el número de miembros del Consejo de Derechos Humanos por lo que el norte está preocupado y un resurgimiento de la influencia política de los países del sur global respecto del cambio social y económico a su propio ritmo.

 

Por supuesto, esto se ha jugado claramente en el Consejo de Derechos Humanos. Desacuerdos sobre la extensión del mandato de ciertos procedimientos especiales impulsados por el Sur Global –como el Experto Independiente sobre la Promoción de un Orden Internacional Democrático y Equitativo- junto con la creación de nuevos mandatos resistidos por el Norte Global -como el Relator Especial sobre el Impacto Negativo de Medidas Coercitivas Unilaterales sobre el Disfrute de los Derechos Humanos- son un claro resultado de la polarización del Consejo.

 

LOS DERECHOS SEXUALES Y LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS

 

Obviamente, las resoluciones que involucran a la salud y a los derechos sexuales y reproductivos se esgrimen como otro campo de batalla en el Consejo y en todas partes. Pero al introducir en el tratamiento de estos derechos los DESC y los DCP se dividen aún mas las posturas.


Es justamente aquí donde la polarización agudiza la complejidad en la toma de decisiones. Durante el pasado período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, la resolución sobre Mortalidad y Morbilidad Materna Prevenible soportó un largo debate sobre la cuestión de un enfoque basado en los Derechos Humanos frente a otro desde la perspectiva de desarrollo. El debate amenazó con romper el consenso sobre lo que comenzó como un texto relativamente no controversial. Sudáfrica, el estado más elocuente en el impulso del enfoque del erecho al desarrollo, apoyó la resolución, pero dio una explicación de su posición de antemano, destacando que un enfoque basado en los derechos humanos no se ha definido con suficiente claridad. Mientras tanto, Estados Unidos sólo accedió a patrocinar la resolución después de persuadir a los patrocinadores principales de reinsertar el lenguaje del enfoque basado en los Derechos Humanos.


En este marco, la salud y los derechos sexuales y reproductivos  fueron nuevamente un tema político negociado relativamente pronto y por ende resultando en un estrecho enfoque del derecho a la salud en lugar de un componente sustantivo del texto de la resolución. Aunque fundamental para la prevención de la mortalidad y morbilidad materna, la promoción y la protección de los derechos sexuales y reproductivos de las personas, sobre todo de las mujeres marginadas quedaron al costado del camino en un debate sobre el derecho al desarrollo frente a un enfoque basado en los derechos humanos.

 

La resolución sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género fue otro ejemplo de la amenaza de esta división política. Aunque fue liderada por países del Sur Global (Chile, Colombia, Brasil y Uruguay), fue vigorosamente resistida por muchos miembros, incluida la Organización de la Conferencia Islámica (OIC, por sus siglas en ingles) quienes enmarcaron a la diversidad sexual y de género como conceptos occidentales controversiales y divisorios sin sustento en el derecho internacional. Ellos repetidamente citaban la diversidad cultural y religiosa y los valores éticos como razones por las cuales esta resolución era inaceptable para ellos. En lugar de reconocer que los Derechos Humanos deben aplicarse a todas las personas por igual y que los estados tienen la obligación de protegerlos y promoverlos, y que los movimientos de la sociedad civil impulsan el cambio social en sus países, se escudaban detrás de un debate Norte-Sur. La triste realidad es que la  condicionalidad de ayuda en políticas relacionadas con la orientación sexual y la identidad de género solo sirvieron para profundizar la división.

 

Es fácil pensar que los métodos utilizados por ambos lados para ganar influencia política son más importantes que cualquier otra cosa. Con un Sur Global que se está volviendo política y financieramente más fuerte, y un Norte Global debilitado, parece que esta lucha no se ganará en el corto plazo y esto significa que inevitablemente  algunos perderán en esta disputa.


Por desgracia son las personas y sus vidas las únicas y verdaderas las que corren el mayor risgo de pérdida y vulneración de sus derechos en la división norte-sur a través de una disputa financiera y política en el nuevo orden mundial emergente.


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